De acuerdo a un informe del propio Ministerio de Salud de la Nación, la mortalidad infantil creció de 8 a 8,5 fallecimientos por cada 1.000 nacidos vivos. El preocupante dato quiebra más de dos décadas de descenso sostenido.
El número refleja claramente la desinversión en salud y en programas sociales claves, demostrando un deterioro socioeconómico muy importante, producto de políticas públicas escasas a la hora de cuidados y atención, y donde la única prioridad es el sostenimiento de un sector económico mientras las condiciones de la enorme mayoría empeoran a pasos agigantados.
La tasa de mortalidad infantil es la relación entre el número de niños y niñas que mueren antes de llegar a cumplir los doce meses de vida por cada 1.000 nacimientos dados en un año. Este indicador se relaciona con la calidad de la atención sanitaria, pero también con el el grado de desarrollo de un país.
Cabe recordar que en Argentina, las políticas neoliberales (falta de inversión y desinterés por muchos sectores -mayoritarios- de la sociedad) llevaron, hasta el año 2022, la tasa a un 16.8 cada 1.000; tras ello, con un modelo político económico que implementó vacunas gratuitas, cuidados y programas sociales que mejoraron la calidad de vida de muchas familias, esa tasa de mortalidad bajó hasta un 9.7 cada 1.000 en 2015.
Ya en el Gobierno de Mauricio Macri, la tasa bajó durante los primeros dos años de gestión, hasta un 8.8, pero en los últimos dos volvió a crecer hasta un 9.2. Luego, en pandemia y el Gobierno de Alberto Fernández, esos números volvieron a bajar, llegando a un número estable que fueron de un 8.4 al 8.
Así, según la información publicada, durante 2024 se observa un incremento en la tasa de mortalidad infantil de 0,5 puntos respecto a 2023, lo que equivale a un aumento del 6,25%. En 2023 la tasa de mortalidad infantil para nuestro país fue de 8/1.000, mientras que en 2024 asciende a 8,5/1.000 nacimientos. De este modo, en 2024 se da el mayor aumento de la tasa de mortalidad infantil desde 2002.












